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El desapego: libertad interior en acción

Actualizado: 17 feb

Todos, en algún momento, hemos sentido esa tensión interior que aparece cuando algo no sale como esperábamos... Un mensaje que no llega, una relación que cambia, un proyecto que no prospera, una imagen de nosotros mismos que se rompe.


Bien sea en forma de desilusión, ira o tristeza, esta tensión interior nos genera sufrimiento. La filosofía del yoga enseña que el sufrimiento humano no proviene de las cosas en sí mismas, sino del apego que desarrollamos hacia ellas: apego a resultados, a identidades, a relaciones, a expectativas.


No se trata de dejar de sentir. Se trata de dejar de depender. Esto es el desapego.



Lo que dicen los Yoga Sūtras


Los Yoga Sutras son un texto clásico del yoga que explica, de manera sistemática y práctica, cómo aquietar la mente para reconocer nuestra verdadera naturaleza como consciencia.


Allí, el sabio Patañjali inicia definiendo el yoga como el estado de quietud de la mente:

“Yogaś citta-vṛtti-nirodhaḥ.” (I.2) El yoga es el aquietamiento de las fluctuaciones de la mente.

Esta definición es fundamental, porque parte de la realidad de que nuestra mente fluctúa constantemente entre deseos y rechazos, apegos y miedos. Y, como se dijo antes, esa agitación es la raíz del sufrimiento.


Y entonces, ¿cómo aquietamos la mente? Patañjali nos da la respuesta resumida en dos píldoras: práctica (Abhyasa) y desapego (Vairāgya).

“Abhyāsa-vairāgyābhyāṁ tan-nirodhaḥ.” (I.12) Ese aquietamiento se logra mediante la práctica constante y el desapego.

La práctica es necesaria para ir transformando poco a poco, con constancia y disciplina, las reacciones compulsivas al cambio y a lo desconocido que se han aferrado a nuestra mente durante décadas, tal vez.


Patañjali define el desapego así:

“Dṛṣṭānuśravika-viṣaya-vitṛṣṇasya vaśīkāra-saṁjñā vairāgyam.” (I.15) El desapego es la ausencia de sed por los objetos percibidos o escuchados.

No se trata de rechazar el mundo, sino de liberarnos de la “sed”, de la compulsión interna que nos hace depender emocionalmente de lo externo.


El desapego no significa indiferencia, frialdad ni renuncia a la vida. Significa libertad para disfrutar sin aferrarnos, para perder sin desmoronarnos, para cambiar sin dejar de ser.


El Bhagavad Gītā y la libertad en la acción



El Bhagavad Gītā, es un diálogo espiritual dentro de la tradición india que enseña cómo vivir, actuar y tomar decisiones con sabiduría, desapego y sentido profundo.


Transcurre antes de una gran batalla en la que Arjuna, el guerrero líder de uno de los bandos, está paralizado por el conflicto. No sabe cómo actuar sin quedar atrapado en el miedo, la culpa o el apego.



Krishna, quien personifica su auriga y guía divino, le ofrece una enseñanza que atraviesa siglos, aplicando también a nosotros hoy en día, en las luchas de la vida cotidiana:

“Karmanye vadhikaraste ma phaleshu kadachana.” (II.47) Tienes derecho a la acción, pero no a los frutos de la acción.

Esto significa actuar, cumpliendo nuestro deber de manera comprometida y entregando lo mejor de nosotros, sin hacerlo esperando un resultado particular.


Porque nuestras acciones son como semillas que sembramos, pero, siendo honestos, no está completamente en nuestras manos que prosperen, crezcan y den los frutos esperados. Mucho depende del clima y otros factores externos.


Por eso, no podemos basar nuestra paz en los resultados, ya que es el apego a los frutos de nuestras acciones lo que nos encadena emocionalmente.


Más adelante, Krishna describe a la persona sabia:

“Duḥkheṣu anudvigna-manāḥ sukheṣu vigata-spṛhaḥ.” (II.56) Aquel que no se perturba en el dolor ni se apega al placer…

Esta sutra describe la ecuanimidad, esa cualidad que va manifestándose cuando cultivamos el desapego.


En la vida práctica, se expresa como amar sin posesión, actuar sin ansiedad, vivir sin que nuestra identidad dependa de los roles o cargos que desempeñamos, tampoco de los éxitos o fracasos.


Es recordar que todo lo que experimentamos cambia, pero hay algo en nosotros que observa ese cambio. Y ese “algo” es la consciencia, que es dicha y paz incondicional, a la que podemos acceder a través del momento presente.

 
 
 

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